Hoy me detuve a pensar acerca de cómo pasa el tiempo y se me vinieron a la mente, de mis amigos varios recuerdos.
Hoy sorprendida veo que algunos cerca estuvieron, otros bien lejos se fueron y otros a Dios partieron.
Hoy me hace feliz saber que a algunos vuelvo a encontrarme, con otros en la distancia hablarme y otros su confianza depositarme.
Hoy me siento orgullosa de tener los amigos que tengo: músicos, poetas, escritores; empresarios, atletas, pintores.
Bailarines, ingenieros, profesores, médicos, arquitectos, administradores, artesanos, sindicalistas, abogados, oradores, sin profesión y desempleados.
No es por lo que hacen por lo que los admiro, es porque son capaces de a su vida dar un giro; unos se ven lozanos, otros han envejecido, pero siempre serán mis amigos queridos.
Este sentimiento de felicidad me embarga, porque toda amistad nutre el alma; son muchos los momentos juntos compartidos, ¿cómo no escribir un verso a los amigos?
A los que aún están, a los que ya se fueron, a los que han venido, a los que nunca han sido; a los que se pierden, a los que nunca vuelven, antiguos y nuevos, todos son, queridos amigos.
A los discretos, activos, a los despistados, a los correctos, displicentes, a los alocados, a los pasivos, imprudentes, a los orgullosos, a los altivos, honestos y a los bulliciosos.
A los mentirosos, callejeros, a los burlones, a los reflexivos, hogareños, a los cansones, a los rumberos, indiferentes, a los malgeniados, a los bohemios, risueños y a los amargados.
A los amigos con estas letras exalto: sus palabras, clamores, sus emociones, sus llantos, temores, risas, sus pasiones, sus ilusiones y también sus desencantos.
En ocasiones son la razón de muchas alegrías y también de tristezas, a través de los días. Confidentes, cómplices, muchas veces hermanos, siempre habrá un amigo que nos tienda la mano.
Con ustedes se aprende el mundo a descubrir. En el barrio, el colegio, en la universidad o en cualquier ambiente donde hemos de vivir es bueno contar con una bella y sincera amistad.
¿Qué más puedo yo decir? Amigos: ¡GRACIAS, POR EXISTIR!
¿Qué haría? ¿Qué haría el amor? Si tuviera que orientar a mi unigénita del por qué de ser fiel a sus palabras; si tuviera que escuchar a mi padre aún cuando su cuerpo ya no me acompaña; si tuviera que hablarle a mi madre de las veces que no estuvo para mi; si tuviera que mantener distancias sin causar más daño de lo que causa; si tuviera que expresarle a mis hermanos que basta de roces y que los amo.
¿Qué haría? ¿Qué haría el amor? Si pudiera accionar mis miedos porque Dios es en mí y me da valor; si pudiera hablar de mis errores y de cuánto en silencio he sufrido; si pudiera demostrar mis sentimientos para compartir con otros lo aprendido.
¿Qué diría? ¿Qué diría el amor? Que en lugar de hablar desde el enojo en completa calma arreglara diferencias; que en lugar de dejar entrar a la tristeza declarara siempre alegría y felicidad; que en lugar de ver la vida de igual forma entendiera que cambia y me transforma.
¿Qué haría? ¿Qué haría el amor? Si tan solo por un instante descubriera que en cada una de las experiencias una fuerza invisible aviva mi corazón y muy dentro de él, comprendiera, que a pesar de todas las vivencias Dios y yo estamos en completa comunión.
¿Qué haría? ¿Qué haría el amor? Si dejara atrás todos mis egoísmos, apareciera en mi rostro una sonrisa y con ella entregara el perdón. Si viviera como enseña la naturaleza, mucho más amor de mí surgiera y proyectara entre los hombres más unión.
¿Qué haría? ¿Qué haría el amor? Si dentro de cada ser humano mi misma esencia vislumbrara; si brillara la luz en mi interior, un Dios que no castiga predicara porque en esta vida y en la otra sólo quiere que descubra quién soy yo.
¿Qué haría? ¿Qué haría el amor? Si tan solo escribiera amor; si tan solo hablara amor; si tan solo respirara amor; si tan solo encontrara amor; si tan solo diera amor.
¿Qué haría? ¿Qué haría el amor? Si tan solo viviera amor de seguro conociera amor; porque es de Dios de donde vengo, porque es en Dios donde mi vida oriento, porque es hacia Dios a donde tiendo.
Desistí... De la calidez de tu mirada; de tu voz que cerca me habla; de la magia en tus palabras; de las caricias cuando me amas. Desistí...
Desistí... De la ternura que tanto agrada; del fuego que en pasión encarnas; del sentimiento que me embarga; de la alegría que hay en mi cara. Desistí...
Desistí... Del tiempo que lento pasa; de la cita tan anhelada; del momento feliz que acaba; del vacío que dejas en mi alma. Desistí...
Y ahora que ya lo sabes; comprende, cuánta falta me haces.
Reconocer... Me cuesta vivir la vida sin tí. Te amo, aunque a veces no te sienta; te amo, aunque a veces no lo exprese. En ocasiones, el silencio me embarga. en él, siento que me habla el alma; ella me dice que muy cerca está el camino y el reflejo de la verdad.
Comprender... ¿A quién comprendo cuando comprendo? ¿Se corre el manto? ¿la verdad se revela? ¿Quién está libre de culpa? ¿Quién tira la primera piedra? Lloro y en mi llanto descubro cuán frágil soy; ¿Hacia dónde tiendo? ¿Hacia dónde voy? ¿Por qué duele cuando duele? ¿Por qué el dolor tanto me hiere?
Agradecer... Gracias, por calmar mi llanto; gracias, por cuanto me regalas; gracias, por tus certeras palabras; gracias, por amarme como me amas; gracias, por amarme como me amas. En este amanecer, estás letras escribí; es que he pasado sin poder dormir.
Cuestionar... Una pregunta al aire lanzada; me confronta y me deja consternada. ¿Es mi verdad lo que refleja el dolor? ¿Acaso lo que oculta el silencio? ¿Acaso la reacción de mi voz? ¿Acaso los pensamientos que hablan? ¿O acaso la confusión de mi alma?
Durante quince años... he estado a tu lado. Muchas veces me he sentido ausente, no por ello he dejado de apoyarte.
Durante quince años... he visto cuánto has crecido. Muchas veces me he inquietado, no por ello he dejado de respetarte.
Durante quince años... he visto cómo asumes la vida. Muchas veces me he sorprendido, no por ello he dejado de estimularte.
Durante quince años... he visto cómo cumples tus sueños. Muchas veces ante ello he callado, no por ello he dejado de enorgullecerme.
Durante quince años... he visto tu llanto. Muchas veces me he sentido impotente, no por ello he dejado de consolarte.
Durante quince años... he visto tu risa. Muchas veces me he contagiado, no por ello he dejado de agradecer y desear que esos momentos se multipliquen para ti.
Durante quince años... he visto cómo se acerca el momento de que extiendas tus alas y comiences tu vuelo. Cuando llegue ese día y aún después: cuenta conmigo, para tí siempre estaré.
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Siempre hay una forma diferente de vivir la vida... Y el aceptar ese ilimitado abanico de posibilidades es lo que determina cuánta capacidad tenemos para evolucionar.
La felicidad viene de una actitud receptiva ante la vida: las personas, los eventos, las situaciones, los momentos... Es un estado que brota de ti y que se manifiesta por doquier.
Si logras establecer la diferencia entre estar y ser feliz, entonces puedo decir, que a través de mi, la Sabiduría Infinita ha fluido para ti.